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Córdoba

Tierra de Comechingones y leyendas, de fogones ancestrales y conocimiento aborigen. Las sierras de Córdoba fueron la cuna y el hogar de pequeños pueblos con estructura independiente, regidos por caciques portadores de la cultura y la sabiduría originaria. El valle de Punilla, Calamuchita, las Sierras del Sur, el actual departamento Ischilín  y el Valle del Suquia o Río Primero, servían de contexto  para la caza, la recolección, la agricultura y la ganadería. En este marco de  cerros milenarios y lugares mitológicos, la cultura aborigen manifestaba sus creencias por medio del don de la palabra y el arte. Aleros en Cerro Colorado y otros rincones de la región, fueron el soporte de pictografías que dan muestra de la manera en que nuestros pueblos originarios concebían el mundo.
La llegada de la colonización española a tierras cordobesas, encontró a sujetos de barba abundante y figura delgada y alta. Habitaban chozas semisubterráneas, construidas sobre pozos al ras del suelo, y  hablaban una lengua diferente a la de la mayoría de los pueblos aborígenes del norte. El Sanavirón y su respectivos dialectos era el lenguaje local, a diferencia del Quechua, tan expandido en el resto del territorio argentino y sudamericano.
La ocupación del centro de suelo argentino fue iniciada por Francisco de Aguirre hacia el 1556, 64 años después de la llegada de Cristóbal Colón a tierras americanas. En 1573, el capitán Lorenzo Suarez de Figueroa, deja a Jerónimo Luis de Cabrera el testimonio de su expedición por  Córdoba, como así también una descripción de sus pueblos originarios.  El propósito de los conquistadores del Alto Perú era encontrar una ruta  de acceso hacia el Río de la Plata.   Fue esto lo que determinó la decisión de erigir la ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía, fundada a orillas del río Suquia el 6 de julio de 1573 por Don Jerónimo Luis.
Luego de su fundación, Córdoba integró la Gobernación del Tucumán con dependencia política hacia el Virreinato del Perú y a partir de 1776, formó parte del Virreinato del Río de la Plata. Fue el 5 de agosto de 1783, cuando mediada por la necesidad de dividir el Virreinato, la ciudad de Córdoba se declara capital de la intendencia  y su primer Gobernador Intendente fue el Marqués de Sobremonte.
Con la conquista material de los colonos, vino la evangelización, la conquista de la fe. Los encargados de esta empresa fueron los Franciscanos. Llegaron más tarde los Jesuitas, que empeñados en tareas de educación y difusión del conocimiento, construyeron estancias en las afueras de la ciudad,  el templo principal de La Compañía de Jesús, en el centro de la misma, así como fundaron la Universidad más antigua del territorio nacional en 1613. Los edificios desde donde se estableció un sistema cultural, religioso, educativo y político  que rigió la vida en el territorio cordobés por cientos de años y cemento así sus bases.
Entre 1599, año de arribo de la orden, y 1767, año de su expulsión,  la provincia fue testigo de su labor cultural, económica y constructivo. Tanto el "Camino de las Estancias", como la "Manzana Jesuítica",  debido a su importancia histórica y cultural, fueron declaradas por la UNESCO en el año 2000 Patrimonio de la Humanidad.
Los pueblos originarios,  que habían sufrido la embestida de los conquistadores, fueron paulatinamente evangelizados. La desaparición de sus pautas culturales y su idioma, produjo la extinción de la mayoría de los Comechingones, cuyos sobrevivientes se fueron perdiendo en el mestizaje a través de los años.

Camino de la Historia

Norte

Una de las regiones más fascinantes y paradójicamente, menos exploradas del territorio provincial. El encanto del norte se oculta tras los mágicos senderos de la historia, en la mirada y la amistad de su pueblo, en las milenarias escrituras de sus laderas, en la mano de sus habitantes que desde una galería colonial nos ofrecen un mate y con él las aventuras y leyendas de esta fantástica región. La magia del norte permanece casi oculta y solo se brinda a aquellos que saben buscarla. Allí podemos recorrer los rojos senderos del Cerro Colorado, descubrir como en sus laderas, entre la frondosa vegetación, nacen las imágenes que fueron dibujadas hace más de mil años por los pobladores originales de esas tierras. Caminar por las empedradas calles de Tulumba, por las ruinas de su antigua capilla construida sobre el sagrado dominio de un cementerio sanavirón. Visitar el hogar de los Reynafé, piezas fundamentales en la batalla entre federales y unitarios, organizadores de la emboscada que terminaría con la vida de Facundo Quiroga, son algunos de los secretos que oculta la región. El Norte de la provincia es un paraíso de historia y tranquilidad, de montes de intenso rojo que se conjugan con el verde de la vegetación. Tierra de leyendas y misterio, de largas procesiones que atraviesan el corazón de cada pueblo, cuando rinde homenaje sus imágenes religiosas. Tierra de estancias jesuíticas, de evangelización, de grandes salinas y pintorescas calles, de paisajes que recorrieron el mundo plasmados por el pincel de famosos artistas. Poblados que demuestran la magia de los tiempos fundacionales del país, localidades que consagran la tradición en festivales de doma y folklore, lugares que mantienen el encanto de sus colonias y su exquisita gastronomía. Cada uno de los pequeños pueblos, cada una de sus grandes localidades, desde los negocios céntricos hasta los humildes caseríos de adobe y teja muslera, el Norte de la provincia es una región que se multiplica en mil historias, en mil parajes, en mil senderos de excepcional fantasía. Toda su magia palpita en el corazón de sus habitantes. Acercarnos a una puerta, en medio de una interminable planicie. Allí el mate circula cargado de azúcar y tomillo. - Buenas, decimos, como quien pide permiso. Entonces la mirada de los pobladores se alza, nos recorre minuciosamente, como si evaluaran. Inmediatamente, una mano se extiende desde el umbral, nos ofrece un mate. - Tome, que está calientito. Recién allí empieza el verdadero viaje, que mezcla los paisajes que ya recorrimos, con la magia de una región que se mantiene viva en las leyendas, en la historia, en la boca de sus habitantes.
 

Sierras Chicas

El área turística de la Sierras Chicas abarca numerosas localidades, asentadas en el faldeo oriental de este cordón serrano. Marcada por la historia, esta región comprende una fabulosa combinación de naturaleza, ríos y arroyos que serpentean en un frondoso verde, con ciudades y pequeños pueblos de particular tranquilidad y hermosura. Caminar frente a la centenaria capilla de Candonga, por los senderos de la historia, entre las paredes íntimas del templo, disfrutar del río, perderse en las verdes costas de La Granja, entre la vegetación y el ruido del agua, explorar las laderas de las montañas, bailar al son del corzo y llegar hasta la capilla de Buffo, en las proximidades de Unquillo, son sólo algunas de la maneras en que podemos conocer el lugar, su historia y sus misterios.Pero la región de las Sierras chicas es esto y mucho más. Las ciudades también guardan su encanto y ofrecen una variada oferta en materia gastronómica y de entretenimiento. Podemos Jugar Golf en Villa Allende y asistir a los espectáculos nocturnos como el Festival de la Solidaridad que reúne a las personalidades de la música nacional, o probar suerte en el Casino de Río Ceballos.Debido a sus características geográficas, las sierras que van moldeando caprichosas figuras que entre valles y arroyos, componen parajes de excepcional belleza, que sumado a las huellas de la historia y su exquisita comida y turística, hacen de la región de las Sierras Chicas un lugar asombrosos rincones, preparados para ser vistos desde el confort de la mejor infraestructura

 

 

 

 

Fortines, lagos y lagunas

La pampa argentina es el soporte geográfico de la región. Allí, los campos cultivados resplandecen en dorados trigales y verdes alfalfas. Las frondosas arboledas y los redondeados medanos que se alzan junto a los lagos y lagunas, nos ofrecen paisajes de un particular y hermoso atractivo. La región abarca el extremo sur de la provincia, con las Rutas Nacionales 7 y 8 como troncales. Fue territorio de indios Pampas y Ranqueles, quienes lucharon aguerridamente por defender sus tierras. Para la expansión del territorio nacional, enmarcada en la denominada Conquista del Desierto, se fueron construyendo los fuertes que daban protección a la línea de frontera que paulatinamente avanzaba hacia el sur, a medida que se iba copando el territorio aborigen. El fuerte Punta del Sauce, mueso histórico de la Frontera Sur, reproduce la construcción típica de la época. La lucha entre culturas demandó muchos años. Finalmente, las tierras fueron repartidas entre vencedores e inmigrantes, en su mayoría italianos y españoles. Conjuntamente con el criollo producto del mestizaje portaron sudor y trabajo a estas tierras que le brindaron lo mejor de sus entrañas para el desarrollo de la ganadería y la agricultura. Así nacieron las primeras estancias, así se fueron conformando los pueblos que hoy, luego de años de crecimiento y progreso, nos brindan su infraestructura para que podamos visitar las maravillas de la región. Las actividades de campo con sus yerras, domas, fogones y asados adquieren allí un atractivo especial. El turismo de aventura, el agroturismo realizado en sus prestigiosas estancias rurales, la caza o la pesca deportivas, los safaris fotográficos. Todo aquí se compone en un armonioso equilibrio con el ambiente natural que enmarca a cada una de las localidades. Nacida de sepas aborígenes, con un sus múltiples espejos de agua y sus parajes de excepcional encanto, la Región de Las Lagunas, Lagos y Fortines es una de los destinos más bellos de provincia de Córdoba. Para teñirnos con su tranquilidad y su hermosura, sólo debemos elegir uno de los senderos de asfalto que lo surcan. Una vez allí, podremos descubrir los paisajes de una naturaleza que se brinda magistral ante nuestros ojos y entre los misterios de una historia de luces y sombras, de pueblos originarios y de lugares ancestrales

Valle de Punilla

Valle que mezcla el ritmo vibrante de majestuosas ciudades como la de Carlos Paz, con los rincones más paradisíacos de la provincia. Guarda en sus dominios una multiplicidad de localidades repletas de encanto y hermosura. Navegar por el extenso espejo de agua de sus Diques, divertirse en el Casino, en los múltiples bares y restoranes, pero también descubrir cascadas ocultas en medio de la serranía, ríos de agua cristalina con cómodos balnearios, rincones ocultos de incomparable magia que nos esperan a la vera del camino. Conjugando el paisaje de las Sierras Chicas con los gigantescos cordones montañosos que bañan todo el territorio con su afluentes naturales, el Valle de Punilla presenta opciones para los más variados gustos. Encender las llamas de la tradición en el legendario festival de Cosquín, conocer la energía oculta del Uritorco. Recorrer los senderos casi inexplorados, cascadas de más de cien metros que se precipitan en una verde quebrada de duraznos y ollas naturales, la magia que la erosión fue forjando en los ancestrales relieves de Los Terrones, la calidad gastronómica y la historia de La Cumbre, el calor del verano que descansa en el río y las playas de Mayu Sumaj. Ciudades con hoteles de primer nivel, canchas de golf, peatonales, peñas, grandes iglesias, teatros, festivales. Pueblos de absoluta tranquilidad, alejados del ruido, rincones serranos de inigualable hermosura. Cada nuevo paso, cada nueva localidad que se visita, guarda íntimamente los secretos que la diferencian del resto, cada paisaje presenta nuevos colores, nuevos rincones. Visitar la región, no es solo recorrer una parte del territorio cordobés. Visitar la región implica prepararse para conocer los miles de mundos, que por obra del destino, decidieron permanecer todos juntos en el Valle de Punilla

Traslasierra

El Valle de Traslasierra tiene el encanto de la tierra semivirgen. El sabor del territorio silencioso a conquistar bajo un cielo azul profundo que dominan los cóndores. El viajero, puede trasladarse entre una hilera de pueblos mágicos que descansan sobre las laderas de las sierras custodiados por el Cerro Champaquí. El Valle de Traslasierra se destaca por sus particularidades y por reunir en una síntesis el paisaje y el espíritu serrano. Sus misterios son inacabables, descubrirlos, toda una aventura. Una suma de imágenes imborrables, como los sabores del pejerrey y los dulces caseros. Vacacionar en Traslasierra es sinónimo de belleza, paz y tranquilidad. Este encantador Valle está a apenas 150 kilómetros de la ciudad de Córdoba y de su aeropuerto. Pero no se trata de 150 kilómetros lineales, el Camino de las Altas Cumbres, una larga y sinuosa serpiente de asfalto que cruza de este a oeste las Sierras Grandes, se convierte en un paseo adicional para el turista. Curva tras curva por un camino montaña lo hará disfrutar a 2200 metros sobre el nivel del mar del aire puro de la Pampa de Achala, atravesando zonas de sol y de lluvias, nieblas y ventiscas. Un viaje que es, en sí mismo, un destino para muchos. Una vez que el viajero llega a Traslasierra, puede optar por empezar a recorrer y conocer sus encantadores pueblos y parajes, cada uno con identidad propia. Cura Brochero, Mina Clavero, Arroyo de Los Patos, Nono, Las Rabonas, Los Hornillos, hacia el Norte, La Paz, La Población, Yacanto, San Javier al sur, Las Tapias, y Villa de Las Rosas los enlazan con Villa Dolores como centro de servicios y ciudad más importante de la región. En Traslasierra se puede disfrutar y apreciar las bondades naturales caminando por senderos perfectamente señalizados, atravesados por arroyos, vertientes y cascadas, como así también recorrer bosques autóctonos y exóticos. Estos lugares brindan paz interior de estar permanentemente en contacto con la naturaleza. Una de las excursiones que el turista puede realizar es la visita a la Quebrada del Condorito. Junto a la reserva hídrica de Pampa de Achala se protegen ambientes, plantas y animales únicos de las sierras de Córdoba. Las 40 mil hectáreas del Parque Nacional abarcan imponentes quebradas como El Condorito, Batán, Sur, Corralejo y Yatán. En esta reserva existen especies de aves provenientes de diferentes regiones del país. El cóndor se destaca entre ellas por ser ésta su área de reproducción más alejada de la Cordillera de Los Andes. Desde Traslasierra se pueden realizar excursiones guiadas al Parque Nacional o realizar actividades de turismo alternativo de toda índole. En este sentido, otro de los destinos de quien disfruta de la adrenalina es el Champaquí, el cerro más alto de Córdoba, ubicado a 2800 metros sobre el nivel del mar.
 

 

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